
JuLio 2025, Rosa y Mercedes.
El otro día fuimos a una cafetería muy bonita que hay en la Plaza de la Virgen, en Valencia. Fuimos con nuestras libretas y nuestros lápices con muchas ganas de tomar apuntes del natural como hacíamos con frecuencia cuando estudiábamos. Nunca hemos dejado de practicar del natural ni de tomar apuntes, pero sí estábamos desde hace tiempo más concentradas en el paisaje que en la figura humana. Por eso, de camino a la cafetería, hablamos de cómo venía a nuestra mente el recuerdo de aquellas prácticas pasadas, y que, a pesar de la experiencia, temíamos que fuéramos a enfrentar el trabajo como si el tiempo no hubiera transcurrido y que podríamos cometer los mismos errores. Además, teníamos el temor de revivir los problemas de aquellos tiempos, como sentir aburrimiento rápidamente al ver a las personas en las mismas posiciones, que la cafetería estuviera de repente vacía, o que la gente te mire recelosa al darse cuenta de que los estás dibujando.
Pero nada de eso ocurrió. La experiencia y la práctica (aunque no fuera de este ejercicio en particular) nos habían cambiado y lo disfrutamos muchísimo.
Al dibujar del natural en un sitio como una cafetería, se desarrolla la retentiva visual y la inventiva. Por ejemplo; en un instante fugaz alguien toma un sorbo de café; pero no sabes cuándo volverá a repetir ese gesto o si lo hará igual. La mirada ha de agudizarse y el dibujo debe ser eficaz, una síntesis de lo que ves. Por todo ello, dibujar en estas condiciones es una gran práctica y más agotador de lo que pudiera parecer. En cierto modo los resultados del momento no son tan relevantes como la ejercitación en sí, aunque a todos nos gusta volver a casa con buenos apuntes en nuestras libretas.
En el momento dibujamos con lápiz y posteriormente, en casa, los terminamos con acuarela digital.





